El pasado miércoles 10 de Febrero el curso de 3º de la ESO visitó la Casa-Museo de Lope de Vega, junto a sus profesores Ana Belén y Julio. Está a unos quince minutos andando desde Sol, concretamente en la calle Cervantes, muy cerca de la Plaza de Santa Ana.

La visita ha sido gratuita y ha durado cuarenta minutos, más o menos.

Lo primero que contemplamos fue el jardín y el huerto de la casa. Aunque cuando la Real Academia Española de la Lengua compró la casa no había ni jardín ni huerto en el terreno, gracias a que Lope compuso alguna poesía describiendo su jardín, se ha reconstruido todo tal como él lo tenía: un naranjo amargo, un laurel, zona de huerta, zona de plantas aromáticas, bancos y una casita donde se refugiaban las gallinas. Una de las cosas que más llama la atención es el pozo original del siglo XVII, así como una reja metálica horizontal que daba a la cocina de la casa; desde allí, se podía salir directamente de la casa sin pasar por la puerta principal, lo que era aprovechado por Lope para no recibir a visitas no deseadas.

Ya en la casa propiamente dicha, empezamos viendo la capilla privada de Lope (muy importante para él, pues incluso cuando tenía algo más de cincuenta años se ordenó sacerdote), con una imagen del patrono de Madrid, San Isidro. Si Lope dejaba abierta la puerta de la capilla, desde una ventanita en el interior de su habitación, podía ver la imagen de San Isidro desde la cama.

Luego, pasamos a su despacho, donde se pueden ver dos zonas claramente diferenciadas. La primera está compuesta por una gran mesa, una silla con brazos y estanterías con muchos libros (por cierto, auténticos del siglo XVII, traídos desde la Biblioteca Nacional); aquí es donde Lope escribió la gran mayoría de sus obras teatrales más conocidas (El caballero de Olmedo, Fuenteovejuna…). La segunda zona tiene muchas sillas, estanterías y un brasero en la zona media para calentarse en invierno; ahí Lope recibía a sus amigos y charlaba con ellos.

Posteriormente, la guía nos condujo hasta la salita de las mujeres, que se sentaban en cojines encima de una tarima. También contaban con un brasero y en este rincón de la casa podían hablar, tejer, coser, etc.

A continuación vimos la habitación del propio Lope de Vega, con una cama muy pequeña para el mundo actual pero usual en el siglo XVII; estaba encima de una tarima y tenía dosel. En esta habitación murió Lope, tras de lo cual tuvo un entierro multitudinario debido a su fama y la admiración que despertaba en el pueblo; incluso se decretaron tres días oficiales de luto en Madrid.

Seguidamente pasamos al comedor, que daba a la zona del jardín y del huerto, todo lo cual nos da una idea de la vida acomodada que llevaba Lope. Al lado se encuentra actualmente recreada la cocina (que, originalmente, no estaba ahí), con alacenas y tinajas para guardar utensilios de cocina, aceite, agua, carne en sal, etc., así como un caldero donde la servidumbre cocinaba para la familia. En días fríos, las sirvientas pasaban mucho rato al lado del fuego, incluso a veces se quedaban ahí dormidas. Y al otro lado contemplamos la estancia de dos hijas de Lope, de las muchas que tuvo, pues reconoció a quince descendientes. Y es que, le gustaban tanto, tanto las mujeres, que llegó a tener hijos siendo ya sacerdote.

Todo lo anteriormente descrito se encuentra en la primera planta. Al subir por las escaleras, vimos una de las estancias más curiosas: el cuarto de huéspedes. En aquella época, las casas grandes de Madrid tenían obligación de tener una estancia para alojar a funcionarios o militares que pasaran por Madrid y no tuvieran donde alojarse, ya que escaseaba el alojamiento en Madrid, dada su reciente capitalidad del Reino de España. Lope trató de engañar al Rey construyendo todo este piso a modo de buhardilla, a fin de no ser detectado desde la calle principal. Así, la casa parecía tener sólo dos pisos cuando en realidad tenía tres; o sea, es una de las denominadas casas de malicia, de las que quedan actualmente unas 1000 en Madrid. Sin embargo, con el tiempo la casa tuvo que pasar una inspección in situ y fue descubierto el engaño. Pero Lope se las arregló para no tener que alojar a nadie de la Corte, a cambio de una generosa cantidad de dinero.

En segundo lugar observamos el pequeño cuarto de las sirvientas, con dos camastros. En cada uno podían llegar a dormir hasta cuatro criadas, dos con la cabeza hacia el oeste y dos con la cabeza hacia el este. Aun así, las sirvientas de Lope no vivían mal, puesto que tenían su propia habitación, ya que las criadas de la época solían dormir directamente donde trabajaban casi todo el tiempo, es decir, en la cocina. Además, una de las sirvientas de Lope le atendió tan bien que fue recompensada a la muerte de Lope con una cantidad de dinero (especificada por Lope en su testamento), que le permitió vivir holgadamente el resto de sus días.

Y, finalmente, está la habitación de dos hijos varones de Lope, entre los cuales se encontraba su favorito.

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